República: más viva que nunca

Como cada año con motivo del 14-A, aniversario de la proclamación de la II República, toma intensidad el debate acerca de la necesidad (o no) de cambiar el modelo de jefatura de Estado. Más claro: La balanza entre monarquía o república. Pero este año es diferente. La república juega con ventaja. Una ventaja basada en los diversos escándalos que la monarquía ha regalado a la sociedad desde que ya no es intocable. La Casa Real es la mayor culpable de que los ciudadanos cuestionen su credibilidad.
Hace un año comenzaba la espiral de polémicas de la familia real con el Rey, los elefantes y su cadera. Un viaje privado de Juan Carlos para cazar elefantes. Un safari tasado en unos 30.000 euros, mientras que millones de españoles se preocupan por su escasez de recursos y el paro. Una aventura tras la cual acabaría en el hospital pidiendo perdón públicamente a los españoles: “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”.

Un viaje que sacaría a la luz a Corinna, la conocida amiga íntima del Rey que ha pasado a ser colaboradora del Estado. Una espiral de noticias que culminó con la polémica de que el monarca recibió hace 20 años una herencia de 2,2 millones de euros de cuentas que su padre tenía en el paraíso fiscal de Suiza.

Todo esto sumado al escándalo del caso Nóos, cuyo último episodio ha sido la imputación de la infanta Cristina, hacen que el clásico debate entre monarquía o república cobre más importancia que nunca. Un debate que hace años no era significativo para la mayoría de ciudadanos, al igual que la hipótesis de una abdicación del Rey en su hijo.

La monarquía ya suspendió en 2011 en la encuesta del CIS. Encuesta que desde entonces no ha vuelto a preguntar por la Casa Real. No podemos dejar de pensar qué nota sacaría ahora, dos años después, con todo lo que ha llovido. Parece que el prestigio que el papel de Juan Carlos en la Transición le dio ya ha llegado a su fin.

Ni siquiera tienen ya el respaldo político. Hace unos años habría sido impensable que la posición actual del PSOE, exigiendo mayor transparencia a la Casa Real, fuese posible. Y es que, aunque últimamente Zarzuela haya intentado acercarse al pueblo, con gestos como acceder ser incluida en la Ley de Transparencia, no lo ha logrado. Ha parecido más una reacción positiva ante la imputación de la infanta, que algo hecho por el pueblo. La monarquía ha decidido ahorcarse a sí misma. Todo se verá.

Cifras vs. personas

CANDELA DUATO LLUQUET.-En 3 meses de 2013 han muerto 7 mujeres a manos de sus parejas. Se asocia la violencia de género con agresiones físicas o sexuales. Pero hay que hacer especial hincapié en el hecho de que la violencia de género también es el daño psicológico. De hecho, suele empezar por ahí. Palabras y gestos, no sólo amenazas y agresiones físicas. Y no me refiero a casos como el de una mujer de Valencia que denunció a su marido por hacerle una “ruidosa ventosidad” mientras discutían. Tampoco hay que pasarse. Pero hay que tener en cuenta que la violencia empieza mucho antes de lo que se piensa, y de una manera mucho menos agresiva. Y no hay que aguantar ni media.

El verano de 2010, el Ministerio de Igualdad publicó el primer estudio sobre la situación de la violencia de género entre adolescentes. En él, se afirmaba que 1 de cada 3 chicos corría el riesgo de convertirse en un maltratador. Y se afirmaba esto teniendo en cuenta respuestas que los jóvenes daban a ciertas preguntas. No porque pegasen a sus novias, sino porque el 7.5% de los chicos reconocían que, en una o más ocasiones, habían pegado o empujado a su pareja. Y no sólo eso. Casi el 5% de las adolescentes encuestadas admitía haber sido víctima ya de algún tipo de violencia (física o psicológica) por parte del sexo opuesto. Vamos, lo normal, ¿no? O eso parece. Total, es un dato muy pequeño, ¿Qué más da? Pues sí, da. Porque por ahí se empieza.

Es un número pequeño, una cifra. Cuidado. Que sea pequeño no significa que no sea importante. La violencia no comienza con una agresión física, sino con pequeñas humillaciones. Y termina con 46 mujeres por violencia de género en 2012. Aún así, el titular de El País era: “2012 se perfila como el año con menos mujeres muertas por violencia de género”. ¡Estupendo! (Ironía). Parece como si hubiese que aplaudir la noticia.

Es cierto que se puede considerar como un dato positivo el hecho de que haya menos mujeres que mueren por esta causa. Pero desde luego esa no es la noticia. Al menos no de esa manera. No como si únicamente fuese una buena noticia por el hecho de que un número ha disminuido. Hay una parte muy negativa en ello. El hecho cierto es que 46 mujeres han muerto. Eso no es cuestión de cifras, es cuestión de personas. Niños que se han quedado sin madres y padres que se han quedado sin sus hijas. Insisto, personas. Hombres y mujeres. Jóvenes. Niños.

En 3 meses de 2013 “sólo” 7 personas han muerto por este tipo de violencia. No importa si es mucho o poco. Tampoco importa el género, la edad, o el porcentaje de denuncias. Las estadísticas no reflejan la humanidad de este tipo de sucesos violentos. Mueren personas, no cifras.

Saludos

CANDELA DUATO LLUQUET.-Saludar o no saludar, esa es la cuestión. Es lo que te planteas cuando ves de lejos a aquel compañero de clase con el que ibas a la guardería. Tu madre siempre te lo recuerda. Pero hace años que no le veías. Y te planteas muchas cosas. Si se acordará de ti, si le saludas o no… Y si lo haces, ¿Cómo? ¿Con un ligero gesto de cabeza? ¿Una sonrisa? ¿Un guiño? ¿O con los tradicionales dos besos? Depende. Y no solo te pasa esto con tu amigo de la guardería. Es una situación constante.

Teniendo en cuenta que hace diez años que no le veías y que nunca le has saludado si no ibas con tu madre, lo más probable es que no se acuerde de ti. Así que en un primer momento decides no saludar. Pero, claro, si no le saludas y él sí se acuerda de ti, vas a parecer un maleducado. Y mamá se va a enfadar cuando su amiguísima del alma le diga que su hijo te ha visto y no le has saludado. En ese caso, ¡qué maleducado él! –piensas-, si se acuerda de mí, que me salude. Aunque igual le pasa lo mismo que a ti. Te ve, te reconoce, pero piensa: “¿Y si no se acuerda? Menudo ridículo voy a hacer”.

Y tiene razón, porque saludar a alguien que no te reconoce es una sensación de tierratrágame total. Ya te ha costado suficiente decidir que le vas a saludar como para que encima levantes la mano para ondear la mano y termines rascándote el pelo con un gesto de disimulo. No te ha reconocido. O sí, pero se ha hecho el loco. Definitivamente, no tendrías que haber saludado. O mejor dicho, haberlo intentado.

Luego está el famoso caso del amigo nocturno. Cada vez que te presentan a alguien te preguntas si se acordará de ti – todavía más si es por la noche –. Pasan los días y vuelves a ver a esta persona. Y no le saludas, porque la verdad es que el día que os presentaron no tenía ninguna pinta de acordarse a la mañana siguiente. Y él tampoco te saluda, así que una vez más: no te ha reconocido. Pero esa no es la mayor sorpresa. El verdadero sorpresón es cuando no te saluda pero ¡te agrega a Facebook! Se ve que sí que se acuerda. Ya sabes, tienes un ciberamigo más, pero no cuentes con él fuera del mundo 2.0.

También están las personas que sí conoces. Aquellas que sabes que – por fin – te reconocen y que – por fin también – sabes que puedes saludar. Pero en ese momento no te apetece. Y piensas: “Bueno, no pasa nada, hago como que no le he visto”. Sacas el móvil y simulas que estás hablando con alguien, aunque realmente estás en ‘Ajustes’, que es lo primero que se te ha ocurrido tocar. Pero no te vas a librar. A él sí que le apetece saludarte. Y mucho. Está corriendo hacia ti. Y tú le sonríes y le dices: “Que ilusión me hace verte. Ahora me tengo que ir, pero escríbeme y nos vemos pronto”. Mentira podrida, aunque no pasa nada, él también lo sabe. Todos lo sabemos. Saludar o no saludar, esa es la cuestión, sí. Pero os habéis visto, y los dos lo sabéis.

Mi fiel amiga

CANDELA DUATO LLUQUET.- Tengo una compañera a la que adoro. Es mi medicina. Me ha acompañado todos estos años. Es capaz de hacerte sentir cualquier cosa, si sabes apreciarla claro. Es compañera de viajes eternos, emociones y sentimientos, gritos, bailes, madrugadas trabajadoras, autobús… Cuando no puedo dormir está ahí, cuando me voy a hacer deporte, me voy con ella. Siempre ha estado conmigo.

Desde que me suena el despertador, ya estoy con ella. Desayuno con ella. Incluso me ducho con ella. En el coche también va conmigo, aunque a veces no le hago mucho caso, puede ser hasta peligrosa. Pero sobre todo está conmigo cuando tengo momentos peliculeros (no me refiero a momentos tipo Bridget Jones comiendo helado depresiva máxima, que quede claro). Hace que me meta todavía más en el papel. A veces incluso me hace llorar. No digo que sea la culpable de que llore, simplemente que hace que tenga los sentimientos a flor de piel. También consigue hacerme sonreír, claro. No sé cómo explicarlo, pero cuando estoy con ella puedo percibir cualquier sensación y sentirme capaz de lo que sea, incluso de volar. – Y sin tomar Red Bull, que te da alas (o eso dicen) – .

Es cierto que ha habido momentos en los que no he estado con ella (obvio). Pero siempre la he tenido en mente y he pensado en ella de una manera u otra.

El caso es que me he dado cuenta de que la he infravalorado todos estos años. Porque sí, he pensado en ella, pero no en qué haría si ella no estuviese en todos los momentos que la he necesitado. Hasta ahora. Hace dos días iba con ella hacia la universidad haciendo un poco el tonto. Cantando mientras caminaba. Parecía un día normal y la tarde fue como siempre. Nada destacable. En el último descanso la dejé en el aula mientras yo salía a tomarme un café. Al volver, ya no estaba. Me volví como loca buscándola en todas partes, aunque estaba segura de que había bajado con ella a la universidad. Busqué y busqué y nada. La había perdido. Estos días he intentado sustituirla, o recurrir a ella con la radio del móvil, pero no es lo mismo. La echo de menos y me he dado cuenta de que creo en lo que llaman la musicoterapia. De lo imprescindible que es en mi vida y en mi día a día. Admito que no debería haberla abandonado, pero no pensé que nadie fuese capaz de quitármela. Pero sí. Resulta que a alguien le gusta ella tanto como a mí. Me he quedado sin mi querido y fiel mp3, y sin mi fiel amiga la música.

El papelito que nunca lees

CANDELA DUATO LLUQUET.- Algo dentro de ti dice: “Venga. Arriba. Despierta”. Buenos días. Es lunes y son las siete de la mañana. Te levantas. Intentas hacerlo con ganas, pero es imposible. Cuando te tomes el café, otro gallo cantará.

Subes la persiana de tu cuarto. Aún está oscuro. Qué horror. Con lo bien que estaba en la cama. “No lo pienses. Dúchate y así espabilas” . Vas al cuarto de baño e intentas encender la luz. No funciona. Estás tan dormido que piensas: “Mierda. Ya se me ha fundido otra vez”. Empezamos mal. Te metes en la ducha y hace frío. Mucho. Piensas que en un ratito el agua estará más caliente. Pero no. No se ha fundido la luz: no hay. Y tampoco agua caliente. Ni ducha ni café. Genial. Esto sí que es levantarse con el pie izquierdo. El mismo pie que sacas a toda prisa de la ducha porque te estás congelando. Y te resbalas. Qué susto. Después de estar diez minutos dando vueltas y pensando quién habrá decidido que tu mañana sea así, te das cuenta de que llegas tarde al trabajo. Pensabas tomarte un café en el bar de abajo, pero no te da tiempo. “No importa. Luego hago un descanso y me lo tomo”. Sales de casa corriendo dispuesto a coger el ascensor. Pues no. Tampoco funciona. Bajar ocho pisos andando sin haberte duchado ni desayunado no es agradable. No lo es de ninguna manera.

Son las ocho y media pasadas. Llegas al trabajo. Te sientas. Respiras. Enciendes el ordenador y tienes mucho que hacer. El lunes siempre hay trabajo acumulado, tanto, que se te pasan las horas volando. O no. Tu tripa hace ruidos y el de al lado te mira raro. Son las once. Todavía te quedan tres horas. Ya toca tomarse el maldito café. Mientras bebes estás pensando en la bronca que le vas a echar al presidente por no avisar de que iban a cortar el agua y la luz. Pero eso será más tarde.

Ya queda menos. Tic tac, tic tac. ¡Por fin es la hora! Te levantas de la silla ansioso y te vas a casa.

Llegas al portal. No puede ser. Lo que te faltaba: el papelito. Son odiosos. Nunca los lees. Te dan igual los avisos que el presidente de la comunidad quiera darte. Entras en el ascensor –que afortunadamente ya funciona-: otro pa-pe-li-to. Habrá que leerlo: Le informamos de que el próximo día 29 de enero de siete a nueve de la mañana se cortará el suministro de luz y agua caliente. Disculpe las molestias.

En ese momento te das cuenta de que no hay alguien todopoderoso en contra de ti y te ha desastrado el día. Tampoco vas a echarle bronca al presidente. Tu gozo en un pozo, y bastante hondo, además. Lo admites, la culpa ha sido tuya. Y seguro que a partir de ahora vas a leer todos los papelitos. Eso sí, la ducha que te pegas al llegar a casa es la mejor del año.

La hermana de Pepita

CANDELA DUATO LLUQUET.-Me encantan los rumores. Te enteras de cosas que ni tú mismo sabías que habías hecho. Es como el juego aquel en el que todos los niños se colocan en círculo. Empieza la partida. El primero le dice una frase al segundo, el segundo se la repite al tercero y así sucesivamente. Un juego en el que empieza “tomate” y acaba “patata”. Nunca se termina con la misma frase que se empieza. Está demostrado. Las cadenas no funcionan.

Estás en un grupo de diez personas. Viene Pepita y te dice que Juanito le ha contado que a Fulanito le contó su primo que el viernes por la noche la hermana de Pepita había estado ligando con el tío de Juanito. Y claro. Ya no sabes si es Pepita la que se ligó al tío de Juanito, o al primo, o al perro, vamos. No te has enterado de nada. Ni tú ni nadie. Pero lo cuentan. Cada uno explica lo que ha entendido. Así que ahora ya hay nueve versiones del ligue de Pepita con Juanito. Perdón, de la hermana de Pepita con el tío de Juanito. Y cada vez hay más, porque cada vez lo comentan más personas. En realidad les da igual lo que pasó. Se aburren y recurren a hablar de cosas inciertas acerca de otras personas. Qué poco interesantes deben de ser su vidas, ¿no? O quizás sólo les gusta cotillear. Misterios indescifrables de la vida. Como cuando las mujeres van de dos en dos al baño, pero eso ya lo hablaremos otro día.

El caso es que la hermana de Pepita se entera de que se ha ligado al tío de Juanito, a Fulanito y al primo de ambos. Menuda fresca. Aunque parece que a ella no le importa. Incluso le hace gracia. Al que no le hace ninguna gracia es a su novio, que pregunta a Pepita si su hermana le ha contado que el viernes estuvo ligando con su primo. O sea, que ahora resulta que la hermana de Pepita también se ligó al primo de su novio. Primero era uno y ahora ya son cinco ligues.  Menuda nochecita. Un no parar…

Te vuelves a reunir con esas diez personas en casa de Pepita y volvéis a comentar el tema. Ahora hay todavía más caos. Si antes no entendíais nada, ahora menos. Porque, claro, Carlos le ha dicho a Juanito que Alfonso le ha contado que Marta dice que Pepita estuvo con él toda la noche. Pero tú ya no sabes quién es “él”. Si Juanito, si Fulanito, si el tío de Juanito, si el novio de la hermana de Pepita, el primo de uno o del otro… Qué mas da. Todos dicen que “están flipando”. Aunque nadie entiende nada ni saben lo que realmente pasó, no importa: “Es muy fuerte”. En ese momento pasa por el salón la hermana de Pepita y te das cuenta de que nadie se ha molestado en preguntarle a ella lo que realmente pasó. Se lo preguntas. Te contesta, te ríes y se lo cuentas a los demás. La hermana de Pepita no salió el viernes por la noche.

Enamorarse del amor

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FOTO: Jose Garrigós

CANDELA DUATO LLUQUET – Las películas de Jennifer Aniston y las canciones de Álex Ubago han hecho mucho daño. Parece que cuando empiezas a salir con alguien, ya tiene que ser el amor de tu vida. No importa que no te llame o que te diga que está muy agobiado y que no puede quedar contigo día tras día. Estás enamorada, y eso todo lo puede, ¿verdad?  Pues no. Tampoco hace falta que te traiga flores todos los días o que te diga lo guapa que estás aunque en realidad estés horrorosa. El amor no es estar en una nube o tener mariposas en la tripa. La realidad es otra. Las mariposas llegan, sí. Pero no duran toda la vida. Ahí es cuando se demuestra si hay amor o no, después de las maripositas bonitas. ¡Tranquilidad! De amor nadie se muere. Bueno sí, Romeo y Julieta. Vaya par. Todo muy bonito, sí, pero se mueren los dos. Y eso es lo que muchas veces casi pasa en la vida real. Nos matamos a nosotras mismas después de querer. Tú, yo y la que te quitó el novio. Aunque mejor no hablar de ella.

Estoy harta de ver a mujeres increíbles en relaciones que no van a ninguna parte. Cuando un hombre te quiera de verdad, te lo dejará bien clarito. Te llamará y quedará contigo. No te dirá: “Estoy agotado, mejor nos vemos mañana”. Bueno, si te lo dice un par de veces no te alteres. Dale una oportunidad. Pobrecito, puede estar cansado de verdad. Pero piénsate las cosas si te lo dice constantemente. Los hombres son mucho más simples que nosotras. O te quiere o no. Son orgullosos. Les encanta conseguir todo lo que quieren. Si le interesas de verdad, te encontrará.

Si sientes la necesidad de inventar una excusa tras otra para justificar el comportamiento de tu pareja, considera la espléndida idea de que ese hombre no está loco por ti. Y libérate para que llegue uno que de verdad lo esté. Cuando te liberes, no pierdas ni un minuto de tiempo en pasarlo mal. Perder a alguien que has querido siempre es doloroso, sí. Pero eso no significa que estés enamorada de esa persona. No te mates a ti misma después de querer. Las relaciones están para probar.

No te pases toda la vida enamorada del amor. Recuerda que el Amor (con mayúscula) no son las películas de Jennifer Aniston, ni las canciones de Álex Ubago. Ni te vas a enamorar en dos días y te va a durar para siempre, ni querer es sufrir constantemente. Por mucho que nos guste sentirnos queridas, no hay que conformarse con cualquier relación.

El tiempo lo pone todo en su sitio. Todo llega y todo pasa. Tampoco cierres con cinco cerraduras las puertas al amor, que da mucha pereza abrirlas. No te equivoques. Has estado enamorada, pero aún no has encontrado el amor de tu vida.