Saludos

CANDELA DUATO LLUQUET.-Saludar o no saludar, esa es la cuestión. Es lo que te planteas cuando ves de lejos a aquel compañero de clase con el que ibas a la guardería. Tu madre siempre te lo recuerda. Pero hace años que no le veías. Y te planteas muchas cosas. Si se acordará de ti, si le saludas o no… Y si lo haces, ¿Cómo? ¿Con un ligero gesto de cabeza? ¿Una sonrisa? ¿Un guiño? ¿O con los tradicionales dos besos? Depende. Y no solo te pasa esto con tu amigo de la guardería. Es una situación constante.

Teniendo en cuenta que hace diez años que no le veías y que nunca le has saludado si no ibas con tu madre, lo más probable es que no se acuerde de ti. Así que en un primer momento decides no saludar. Pero, claro, si no le saludas y él sí se acuerda de ti, vas a parecer un maleducado. Y mamá se va a enfadar cuando su amiguísima del alma le diga que su hijo te ha visto y no le has saludado. En ese caso, ¡qué maleducado él! –piensas-, si se acuerda de mí, que me salude. Aunque igual le pasa lo mismo que a ti. Te ve, te reconoce, pero piensa: “¿Y si no se acuerda? Menudo ridículo voy a hacer”.

Y tiene razón, porque saludar a alguien que no te reconoce es una sensación de tierratrágame total. Ya te ha costado suficiente decidir que le vas a saludar como para que encima levantes la mano para ondear la mano y termines rascándote el pelo con un gesto de disimulo. No te ha reconocido. O sí, pero se ha hecho el loco. Definitivamente, no tendrías que haber saludado. O mejor dicho, haberlo intentado.

Luego está el famoso caso del amigo nocturno. Cada vez que te presentan a alguien te preguntas si se acordará de ti – todavía más si es por la noche –. Pasan los días y vuelves a ver a esta persona. Y no le saludas, porque la verdad es que el día que os presentaron no tenía ninguna pinta de acordarse a la mañana siguiente. Y él tampoco te saluda, así que una vez más: no te ha reconocido. Pero esa no es la mayor sorpresa. El verdadero sorpresón es cuando no te saluda pero ¡te agrega a Facebook! Se ve que sí que se acuerda. Ya sabes, tienes un ciberamigo más, pero no cuentes con él fuera del mundo 2.0.

También están las personas que sí conoces. Aquellas que sabes que – por fin – te reconocen y que – por fin también – sabes que puedes saludar. Pero en ese momento no te apetece. Y piensas: “Bueno, no pasa nada, hago como que no le he visto”. Sacas el móvil y simulas que estás hablando con alguien, aunque realmente estás en ‘Ajustes’, que es lo primero que se te ha ocurrido tocar. Pero no te vas a librar. A él sí que le apetece saludarte. Y mucho. Está corriendo hacia ti. Y tú le sonríes y le dices: “Que ilusión me hace verte. Ahora me tengo que ir, pero escríbeme y nos vemos pronto”. Mentira podrida, aunque no pasa nada, él también lo sabe. Todos lo sabemos. Saludar o no saludar, esa es la cuestión, sí. Pero os habéis visto, y los dos lo sabéis.

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