El papelito que nunca lees

CANDELA DUATO LLUQUET.- Algo dentro de ti dice: “Venga. Arriba. Despierta”. Buenos días. Es lunes y son las siete de la mañana. Te levantas. Intentas hacerlo con ganas, pero es imposible. Cuando te tomes el café, otro gallo cantará.

Subes la persiana de tu cuarto. Aún está oscuro. Qué horror. Con lo bien que estaba en la cama. “No lo pienses. Dúchate y así espabilas” . Vas al cuarto de baño e intentas encender la luz. No funciona. Estás tan dormido que piensas: “Mierda. Ya se me ha fundido otra vez”. Empezamos mal. Te metes en la ducha y hace frío. Mucho. Piensas que en un ratito el agua estará más caliente. Pero no. No se ha fundido la luz: no hay. Y tampoco agua caliente. Ni ducha ni café. Genial. Esto sí que es levantarse con el pie izquierdo. El mismo pie que sacas a toda prisa de la ducha porque te estás congelando. Y te resbalas. Qué susto. Después de estar diez minutos dando vueltas y pensando quién habrá decidido que tu mañana sea así, te das cuenta de que llegas tarde al trabajo. Pensabas tomarte un café en el bar de abajo, pero no te da tiempo. “No importa. Luego hago un descanso y me lo tomo”. Sales de casa corriendo dispuesto a coger el ascensor. Pues no. Tampoco funciona. Bajar ocho pisos andando sin haberte duchado ni desayunado no es agradable. No lo es de ninguna manera.

Son las ocho y media pasadas. Llegas al trabajo. Te sientas. Respiras. Enciendes el ordenador y tienes mucho que hacer. El lunes siempre hay trabajo acumulado, tanto, que se te pasan las horas volando. O no. Tu tripa hace ruidos y el de al lado te mira raro. Son las once. Todavía te quedan tres horas. Ya toca tomarse el maldito café. Mientras bebes estás pensando en la bronca que le vas a echar al presidente por no avisar de que iban a cortar el agua y la luz. Pero eso será más tarde.

Ya queda menos. Tic tac, tic tac. ¡Por fin es la hora! Te levantas de la silla ansioso y te vas a casa.

Llegas al portal. No puede ser. Lo que te faltaba: el papelito. Son odiosos. Nunca los lees. Te dan igual los avisos que el presidente de la comunidad quiera darte. Entras en el ascensor –que afortunadamente ya funciona-: otro pa-pe-li-to. Habrá que leerlo: Le informamos de que el próximo día 29 de enero de siete a nueve de la mañana se cortará el suministro de luz y agua caliente. Disculpe las molestias.

En ese momento te das cuenta de que no hay alguien todopoderoso en contra de ti y te ha desastrado el día. Tampoco vas a echarle bronca al presidente. Tu gozo en un pozo, y bastante hondo, además. Lo admites, la culpa ha sido tuya. Y seguro que a partir de ahora vas a leer todos los papelitos. Eso sí, la ducha que te pegas al llegar a casa es la mejor del año.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s