Gritos detrás del silencio: La verdadera situación acerca de la violencia de género en mujeres adolescentes

CANDELA DUATO LLUQUET.-La violencia de género es “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino, que tenga o pueda tener como resultado, un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada.” En la actualidad está asociada adultos de las clases sociales más bajas. Sin embargo, no somos consciente de que esto sucede en todas las clases sociales, y cada vez más entre adolescentes.

La violencia de género es un problema que ha existido siempre. Ha sido objeto de estudio en la psicología desde sus orígenes. No obstante, no fue hasta el siglo XX cuando se convirtió en un tema de investigación científica propiamente dicho. “La agresión a la mujer no es algo nuevo, ni siquiera diferente, siempre ha estado ahí, y quizá ese sea el problema. Antiguamente la mujer permitía en determinadas circunstancias la violencia del hombre como demostración de su autoridad y superioridad respecto a ella, la cual aceptaba esa situación como ‘pago’ a la ‘protección’ que éste le ofrecía”[1].

Hoy en día vivimos en una sociedad en la que poco parecen alarmarnos los casos de violencia de género. Nos hemos acostumbrado a los extremos.

La violencia de género no tiene por qué comenzar después del matrimonio, de hecho, generalmente y cada vez más, ésta se da en el noviazgo o al comienzo de la convivencia. En el noviazgo, “relaciones que comienzan cada vez a una edad más temprana” [2], la violencia dada no es diferente a las demás. Comienza desde en el abuso verbal y emocional, hasta la agresión sexual y el asesinato; “es un grave problema que afecta de forma considerable la salud física y mental de las adolescentes”. [3]

La normalización de la violencia de género en la adolescencia es mayor si cabe que en otras edades, ya que ellos y ellas son capaces de describir la violencia, conocen casos de violencia de género, pueden identificarla sobre el papel pero, en general, creen que se trata de algo que sólo le ocurre a mujeres mayores que ya están casadas.

“Además, se da la circunstancia de que determinados comportamientos, que están en la base y en el inicio del problema, como los celos y el control exagerado, para muchos adolescentes son síntomas de amor y preocupación por la pareja y no lo ven como el posible germen del problema”[4]. Hay una tendencia general en las mujeres jóvenes a pensar que su novio las quiere más por ser celoso o controlarlas más. Ellos no quieren que ellas vayan a ninguna parte si ellos no va al mismo sitio y lo justifican diciendo que es porque no pueden estar sin ellas. Controlan su manera de vestir, maquillarse, hablar o comportarse. Para conseguir lo que quieren les hacen sentir culpables. Las chantajean si ellas no quieren mantener relaciones sexuales poniendo en duda sus sentimientos hacia o se burlan de ellas delante de la gente.

Las razones para justificar dicha violencia están presentes los jóvenes y ellos siguen las misma falsas creencias y mitos que han existido siempre acerca del tema.

El verano de 2010, el Ministerio de Igualdad publicó el primer estudio sobre la situación de la violencia de género en adolescentes. Uno de cada tres chicos corría el riesgo de convertirse en un maltratador y casi el 5% de las adolescentes encuestadas admitía haber sido víctima ya de algún tipo de violencia física o psicológica por parte del sexo opuesto. Por otra parte “el 7.5% de los chicos reconocen que en una o más ocasiones han pegado o empujado a su pareja”.[5]

 Escuchamos hablar constantemente del maltrato físico pero se nos olvida que la violencia de género no empieza con una agresión física, sino con pequeñas humillaciones. El maltrato psicológico no solo son los tirones de pelo o los insultos, hay mucho más detrás de todo esto.

En definitiva, aunque los hombres cada vez tienen más información y las mujeres están más advertidas, sigue existiendo un gran machismo, incluso por parte de las propias adolescentes. Muchas jóvenes admiten haber vivido alguna experiencia de las anteriormente nombradas y lo justifican diciendo: “Lo hace porque me quiere”.

Los estudios realizados sobre la violencia reflejan que la exposición a modelos violentos, especialmente durante la infancia, aumentan el riesgo de ser futuros maltratadores y conduce a la justificación de la violencia. “Se ha demostrado que los adolescentes que reciben castigos físicos en su familia, tienen más riesgo de agredir físicamente a su pareja que los que no sufren dichos castigos”.[6]


[1]  LORENTE ACOSTA, MIGUEL Y LORENTE ACOSTA, JOSÉ ANTONIO; (1999) Agresión a la mujer. Maltrato, violación y acoso

[2] PRICE, E.L. Y BYERS, S.E. (1999).The attitudes towards dating violence scales: development and initial validation. Journal of Family Violence.

[3] MAKEPEACE, J.M (1981). Courtship violence among college students. Family Relations.

[4] HERNANDO GÓMEZ, ANGEL. (2007) La prevención de la violencia de género en adolescentes. Una experiencia en el ámbito educativo.

[5] GONZÁLEZ, R. Y SANTANA, J.D. (2001). La violencia en parejas jóvenes. Psicothema

[6] STRAUSS, M. Y YODANIS, C. (1997) Corporal punishment in adolescence and physycal  assaults on spouses in later life: What accounts for the link? Journal of marriage and the family.

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